Escritos diversos

 Lista de reyes de Judá y cómo se consideraría su reinado conforme a lo dicho en la biblia:

Saúl. ¿bueno, malo?

David. Bueno

Salomón. ¿bueno, malo?

Roboam. Malo

Abiam. Malo

Asa. Bueno

Josafat. Bueno 

Joram. Malo

Ocozías. Malo

Atalía. Mala

Joás. ¿Bueno, malo? 

Amasías. Bueno

Azarías. Bueno 

Jotam. Bueno

Acaz. Malo

Ezequías. Bueno

Manasés. Malo

Amón. Malo

Josías. Bueno

Joacaz. Malo

Joacim. Malo

Joaquín. Malo

Sedequías. Malo

¿Qué piensas al respecto? ¿Qué opinas de los que puse como indefinido: Saúl, Salomón y Joás?

Escritos diversos

 Analizando las historias de los reyes de Judá podemos encontrar grandes proezas, pero también finales tristes, como el de Salomón, o el de Joás, quien fue bisnieto de Josafat, un rey reconocido por su entrega al Señor, quien dejó en el reino al morir a su hijo Joram, éste mató a sus hermanos para no tener competencia en el reino, pero sólo duró 8 años; le sucedió Ocozías quién hizo lo malo ante Dios, reinó sólo un año; cuando murió, su madre Atalía asesinó a toda la descendencia real para quedarse con el poder, el único que se salvó fue Joás, de 7 años. El sumo sacerdote Joiada lo cuidó y junto a unos príncipes le devolvieron el reino(2 crónicas 24). Joás hizo lo bueno ante el Señor mientras vivió Joiada, una vez muerto, se apartó y en su locura llegó a asesinar a los hijos de Joiada, quién lo cuidó, lo protegió y le devolvió el reinado, es increíble cómo la entrega al pecado puede volver a alguien tan insensible, esto también nos muestra que el futuro puede ocurrir de forma que nunca podríamos imaginar.

Escritos diversos

 El fariseo y el publicano. Parte 1.

Lucas 18:9-14

En primer lugar se menciona al fariseo, y en segundo, al recaudador de impuestos. Ambos suben. Pero cuando llega el momento de bajar, el recaudador de impuestos será el primero. Tradicionalmente se ha asumido que el contexto de la parábola es el de la devoción privada. Y esta idea ha marcado la forma en la que hemos interpretado el texto en Occidente. Para los lectores de Oriente Próximo, este texto es una parábola que trata sobre la adoración pública. El comentario de Ibn al-Tayyib es revelador, cuando comenta que el publicano esta «lejos» y dice, «es decir, separado de los fariseos y del resto de los adoradores del templo» (Ibn al-Tayyib, Edición Manqariyus, II, 315; la cursiva es mía). Aquí, Ibn al-Tayyib afirma, de pasada, la presencia de una congregación de adoradores. Veremos que esta presuposición tiene su base en el mismo texto.  Una parte de nuestro problema en Occidente es que el verbo «orar» lo asociamos más con la práctica privada, y el verbo «adorar» con la práctica congregacional. No obstante, en la literatura bíblica, el verbo «orar» puede significar ambas cosas. En Lucas 1:10 Zacarías está participando en el templo en el sacrificio diario por la propiciación, y le llega el turno de ofrecer el incienso en el santuario. Mientras, «la multitud reunida afuera estaba orando». Jesús cita Isaías 56:7, donde al templo se le llama «casa de oración» (Lc 19:46). La famosa lista de las preocupaciones de los primeros cristianos que aparece en Hechos 2:42 incluye la enseñanza de los apóstoles, la comunión, el partimiento del pan y la oración. En esta lista, la palabra que traducimos por «oración» es un sinónimo de «adoración en comunidad». Hechos 16:13, 16 describe el lugar de adoración pública como «un lugar de oración». Estos y tantos otros textos dejan claro que el contexto de un pasaje concreto debe determinar si el verbo «orar» hace referencia a la adoración en comunidad o a la oración privada. Cuando Jesús sube a solas al monte a orar, está claro que el contexto es el de la oración privada. Pero en esta parábola hay una serie de indicadores que apuntan a que se está hablando de adoración en comunidad, no de la devoción privada. En primer lugar, se nos habla de dos personas que suben al mismo tiempo a un lugar de adoración pública. En segundo lugar, descienden al mismo tiempo (presumiblemente, una vez finalizado el culto). En tercer lugar, se menciona de forma específica el templo (un lugar de adoración pública). Para el ciudadano de Oriente Próximo contemporáneo, el verbo «orar» también tiene ese doble sentido. Pero cuando un ciudadano de Oriente Próximo cristiano dice «Voy a la iglesia a orar», o un ciudadano de Oriente Próximo musulmán dice, «Voy a la mezquita a orar», todo el mundo sabe que están hablando de adoración en comunidad, no de devoción personal. Aún más, en la parábola, la mención del templo da todavía más peso a la idea de que se trata de adoración en comunidad. En cuarto lugar, como veremos más abajo, el texto nos dice que el fariseo «se quedó en pie alejado de los demás». En quinto lugar, también se nos dice que el recaudador de impuestos «se quedó a cierta distancia». ¿A cierta distancia de quién? Podría querer decir «a cierta distancia del fariseo», pero también «a cierta distancia de los demás adoradores». Sobre todo si podemos sostener que había otros adoradores, de los que el fariseo también se ha distanciado. Por último, el recaudador de impuestos menciona en su oración la propiciación (cuando dice «ten compasión de mí»). En el templo, cada mañana y cada tarde se ofrecía un sacrificio de propiciación, y normalmente se hacía en presencia de una congregación. De hecho, en las discusiones sobre esos cultos se da por sentada la presencia de un grupo de fieles (cf. Mishná Tamid, Danby, 582-89; Eclesiástico 50:1-21). Resumiendo, diremos que ante el verbo «orar» tenemos dos opciones interpretativas. Puede querer decir oración privada o adoración en comunidad. Las evidencias que aparecen en la parábola apuntan al segundo significado. Esta será la interpretación que tendremos en mente a medida que comentemos la parábola. No obstante, uno puede preguntar: ¿no hace cada uno de los personajes una oración privada?  La interpretación tradicional de que la parábola solo habla de la devoción privada probablemente tiene que ver con el hecho de que cada uno de los personajes de la parábola eleva una oración privada. ¿No es lógico que eso lleve al lector a concluir que en esta parábola no aparece ningún culto o adoración congregacional? No. Safrai describe la adoración del templo en el siglo primero:  Muchos judíos subían al templo cada día para participar en la adoración, para recibir la bendición sacerdotal que se pronunciaba al final del culto, (y) para orar mientras se quemaba el incienso (Safrai, JPFC, II, 877; la cursiva es mía). Tomado del libro Las Parábolas de Lucas. Kenneth Bailey 

Escritos diversos

 Asimismo profanó el rey los lugares altos que estaban delante de Jerusalén, a la mano derecha del monte de la destrucción, los cuales Salomón rey de Israel había edificado a Astoret ídolo abominable de los sidonios, a Quemos ídolo abominable de Moab, y a Milcom ídolo abominable de los hijos de Amón. 2Re 23:13

El rey Salomón, un hombre muy famoso por su sabiduría y riquezas, lamentablemente no mantuvo el buen camino como su padre David sino que se desvío y con él a mucho pueblo, de tal manera que unos 300 años después todavía se usaban los sitios de adoración a dioses paganos que había mandado a construir. Para conocer un poco más en qué pecados condujo a Israel, analicemos la forma de 

adoracion a estos ídolos:

ASTORET: Diosa de la fertilidad y del amor sexual, deidad principal de los cananeos. A menudo se la presenta como el complemento femenino de Baal (Jue 2.13; 10.6; 1 S 7.3, 4; 12.10). Se conoce también con el nombre de Asera (Jue 6.25; 1 R 18.19). Parte esencial de su culto era la prostitución. (Tomado del diccionario bíblico Nelson) 

QUEMOS: Era considerado como dios de la guerra y de la victoria, por lo cual se le hacían sacrificios que en momentos desesperados podían ser hasta humanos, como es el caso del rey Mesa que cuando “vio que era vencido en la batalla.... arrebató a su primogénito ... y lo sacrificó en holocausto sobre el muro” (2Re 3:4-27). (Tomado del Diccionario Bíblico de Alfonso Lockward) 

MILCOM(MOLOC): Deidad nacional de los AMONITAS ("Milcom" en 1 R 11.5; 2 R 23.13 y Jer 49.1, 3), cuyo culto tal vez se basaba en el sacrificio de hombres, especialmente de niños. Las víctimas se colocaban vivas en los brazos enrojecidos por el fuego de la estatua hueca, de bronce, y con cabeza de becerro que representaba a Moloc. La víctima caía en el hoyo ardiente del ídolo al sonido de flautas y tambores. (Tomado del diccionario bíblico Nelson). 

Lo triste en esta historia es que no sabemos si Salomón antes de morir haya vuelto a los caminos del Señor.

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 La viuda y el juez injusto. Parte 4

Lucas 18:1-5

La mujer está al parecer en una situación desesperada. Es una mujer en un mundo de hombres, una viuda sin dinero o amigos influyentes. Para convencer al juez no se puede apelar a su deber ante Dios, y no hay hombre que le pueda hacer sentirse avergonzado por su maldad e indiferencia ante el sufrimiento de los inocentes. No obstante, esta mujer no solo logra que su caso se escuche, sino que se falle a su favor. La idea principal de la parábola, junto con la introducción que la acompaña, apuntan claramente a la persistencia en la oración. Si se cubren las necesidades de esta mujer, cuánto más las necesidades de los justos que oran, no a un juez despiadado, sino a su Padre que los ama. Aunque su situación parezca difícil, no es tan mala como la de esta viuda. Pueden estar seguros de que sus peticiones son escuchadas y van a recibir una respuesta. Ante el miedo, el creyente se ve llevado a orar, y a hacerlo de forma continuada aun en medio del desánimo, con la plena confianza de que Dios va a obrar lo mejor para él. Tomado del libro Las Parábolas de Lucas. Kenneth Bailey

Escritos diversos

 Lc 17:7-10 ¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa? ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú? ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.

En una era tecnológica en la que contamos con la semana de cuarenta horas, los sindicatos y el derecho a vacaciones, el mundo de esta parábola nos parece no solo distante, sino también injusto. Después de un largo día de trabajo en el campo, un trabajador debería poder esperar que se apreciara su trabajo y debería tener derecho a recibir alguna recompensa. Pero Jesús construye su parábola sobre un patrón de funcionamiento muy extendido y aceptado en Oriente Próximo. La relación entre amo y siervo, tanto en aquellos tiempos como en la actualidad, conlleva aceptar la autoridad, y obedecer a dicha autoridad. Pero los que no somos de esa cultura debemos tener en cuenta la seguridad que ese tipo de relación ofrecía al siervo, y también el sentido de valía y significado que le otorgaba al hombre que trabajaba para un gran señor. Debido a nuestra cultura moderna, normalmente no alcanzamos a ver estas cualidades de sentido, valía y seguridad que forman parte de esta relación. El siervo ofrece lealtad, obediencia y trabajo duro, pero, al trabajar para un señor importante, los beneficios mencionados arriba eran enormes. Por ello, esa relación entre el señor y el siervo es realmente apropiada para ilustrar la relación del creyente con Dios y con su Hijo/agente único.  Jeremias ha demostrado de forma convincente que la expresión introductoria (17:7) tis ex humon («quién de ustedes») es una expresión que solo usa Jesús y que busca una respuesta negativa (Jeremias, Parábolas, 127ss., p. 103 de la edición en inglés; Bailey, Poet, 12ss.). Está claro que ninguna persona de Oriente Próximo se podía imaginar a un siervo que esperara honores especiales por cumplir con su deber. El amo no está en deuda con él por el trabajo hecho en el campo. Tengamos en cuenta que la comida (a la que hace referencia en v. 8 con el verbo deipneso, «yo ceno») no es a las ocho de la noche, sino hacia las tres de la tarde (Jeremias, Palabras, 44ss. de la edición en inglés). Por tanto, no estamos ante una larguísima jornada de trabajo impuesta por un señor desalmado, sino ante una jornada relativamente normal. La idea no es si el amo permite o no que el siervo descanse y coma, sino si el amo le da ciertos privilegios al siervo que cumple con su deber diario. La respuesta que cualquier persona de Oriente Próximo daría es: «іClaro que no!». Tomado del libro Las Parábolas de Lucas. Kenneth Bailey