CITAS INTERESANTES Y CURIOSAS DE LA SEGUNDA CARTA DE CLEMENTE A LOS
CORINTIOS.
La llamada Segunda carta de Clemente a
los Corintios sigue inmediatamente a la primera en los tres manuscritos (Codex
Alexandrinus y de Jerusalén y en un manuscrito sirio, y, al parecer, en ellos
es atribuida a Clemente. Sin embargo, nada prueba este aserto, sino todo lo
contrario, porque aunque era conocida por los padres del siglo cuarto y más
tarde, no es citada por los escritores anteriores como obra de Clemente. Hasta
Eusebio duda de su autenticidad: “Hay que señalar que, según se dice, existe
una segunda carta de Clemente; pero sabemos que no es aceptada del mismo modo
que la primera, porque no tenemos noticia de que la utilizaron los antiguos”
(Eusebio,Hist. Ecl., III, 38,4). La evidencia interna misma de este escrito,
tanto del estilo como de la doctrina, no dan pie a atribuirla al mismo autor
que al de la primera. Imposible saber quién fue su autor. Al principio esta
homilía se difundió como obra anónima, pero la favorable acogida que tuvo hizo
que se atribuyera a Clemente romano. Lo único fiable que podemos decir sobre
este escrito es que su composición debió tener lugar en la primera mitad del
siglo segundo, probablemente entre los años 120 a 150 d.C.
El objetivo
de este documento es presentar algunas citas interesantes y curiosas de esta
obra, muchas de las cuales resuenan con enseñanzas bíblicas, mientras que otras
parecen reflejar interpretaciones o influencias doctrinales que se alejaban
paulatinamente del mensaje apostólico original.
1. Jesús es Dios
Hermanos, tendríamos que pensar en Jesucristo como Dios y como “juez de
los vivos y los muertos” verso 1
Comentario.
Esta afirmación inicial es contundente:
el autor de esta homilía reconoce a Jesucristo como Dios y como juez
escatológico, una atribución que en la tradición bíblica pertenece únicamente a
Dios (cf. Isaías 33:22; Salmo 75:7). Esto demuestra que ya en los primeros
decenios del siglo II, la comunidad cristiana, consideraba a Jesús como
verdadero Dios.
Esta postura contradice ciertas
doctrinas modernas que sostienen que la divinidad de Cristo fue una construcción
tardía, desarrollada en los siglos posteriores y formalizada en los concilios.
Por el contrario, este texto patrístico muestra que el reconocimiento de Jesús
como Dios estaba presente de manera explícita mucho antes del Concilio de Nicea
(325 d.C.), en continuidad con pasajes del Nuevo Testamento como Juan 1:1,
Hebreos 1:8 y Tito 2:13.
2. Interpretación que hace el escritor de la carta sobre Isaías 14:1
Y en lo que dice: “Prorrumpe en canciones y gritos de júbilo la que
nunca estuvo de parto”, significa esto: como la mujer que está de parto, no nos
cansemos de ofrecer nuestras oraciones con simplicidad a Dios. Verso 2
Comentario.
Es
interesante observar cómo el escritor interpreta este pasaje bíblico en
relación con la oración, aplicándolo de manera espiritual a la actitud del
creyente. Sin embargo, en su contexto original, el texto de Isaías hace
referencia a una nación que, aunque anteriormente se hallaba en condición de
esterilidad —es decir, sin hijos, sin fruto y aparentemente abandonada por
Dios—, será restaurada y llegará a ser extraordinariamente fecunda. Por su
parte, en Gálatas 4:27, el apóstol Pablo retoma este versículo para hablar de
la Jerusalén celestial, que representa a la comunidad de los creyentes nacidos
del Espíritu y que acoge a personas de todas las naciones.
3. Permanecer en la persecución
Por tanto, hermanos, prescindamos de nuestra estancia en este mundo y
hagamos la voluntad del que nos ha llamado, y no tengamos miedo de apartarnos
de este mundo. Porque el Señor ha dicho: “Seréis como corderos en medio de
lobos” (Lc. 10:3). Pero Pedro contestó, y le dijo: “¿Qué pasa, pues, si los
lobos devoran a los corderos? Jesús contestó a Pedro: Los corderos no tienen
por qué temer a los lobos después que han muerto; y vosotros también, no temáis
a los que os matan y no pueden haceros nada más; sino temed a Aquel que después
que habéis muerto tiene poder sobre vuestra alma y cuerpo para echarlos a la
gehena de fuego” verso 5
Comentario.
En este pasaje, el escritor busca
alentar a los creyentes de su tiempo a mantenerse fieles al Señor en medio de
la persecución. Para ello, recurre a palabras de Jesús, algunas de las cuales
son citas textuales del Nuevo Testamento (como Lucas 10:3 y Mateo 10:28),
mientras que otras parecen ser paráfrasis o ampliaciones libres, y algunas no
se encuentran registradas literalmente en los evangelios. No está claro si
estas últimas provienen de una tradición oral temprana, de una interpretación
simbólica o de una elaboración teológica del autor.
4. Aborrecer lo material
Consideremos que es mejor aborrecer las cosas que están aquí, porque son
despreciables y duran poco y perecen, y amar las cosas de allí, que son buenas
e imperecederas. Verso 6
Comentario.
En estas palabras del autor encontramos
una postura que no encaja con el enfoque bíblico. La idea de "aborrecer lo material"
refleja más una influencia de corrientes filosóficas paganas, como el
platonismo o el gnosticismo, que una enseñanza plenamente cristiana. La Biblia
no enseña a despreciar lo material en sí mismo, ya que todo fue creado por Dios
y declarado bueno. Lo que sí enseña es a no poner la esperanza en las riquezas,
a ser generosos, a vivir con desapego, y a reconocer que lo terrenal es
pasajero. Incluso se anima al creyente a disfrutar con gratitud de lo que Dios
ha provisto. (1 Timoteo 6:17)
5. Pecados no perdonados después del bautismo
Porque si hacemos la voluntad de Cristo hallaremos descanso; pero si no
la hacemos, nada nos librará del castigo eterno si desobedecemos sus
mandamientos. Y la escritura dice también en Ezequiel: “Aunque Noé y Job y
Daniel se levanten, no librarán a sus hijos de la cautividad” (Ez. 14:14-20).
Pero si ni aun hombres tan justos como éstos no pueden con sus actos de
justicia librar a sus hijos, ¿con qué confianza nosotros, si no mantenemos
nuestro bautismo puro y sin tacha, entraremos en el reino de Dios? O ¿quién
será nuestro abogado, a menos que se nos halle en posesión de obras santas y
justas?
Verso 6.
Comentario.
Este pasaje
refleja una preocupación teológica que surgió con fuerza después de la era
apostólica: la idea de que los pecados cometidos tras el bautismo podían no ser
perdonados. Esta enseñanza llevó a muchos en la Iglesia primitiva a postergar
el bautismo hasta el final de sus vidas, por temor a pecar después de bautizado.
Esta postura se basaba, entre otros textos, en una interpretación errada de
Hebreos 6:4–6. Sin embargo, el testimonio general de la Escritura nos recuerda
que, aunque el creyente ha sido regenerado en Cristo, sigue en una lucha constante
contra el pecado (Romanos 7:14–25; 1 Juan 1:8–10). Lo que se condena no es la
caída ocasional, sino una vida de pecado persistente y sin arrepentimiento. Por
tanto, el llamado es a vivir en santidad, manteniendo una fe activa y una vida
transformada, confiando también en la gracia continua de Dios para restaurarnos
cuando caemos.
6. Competir legítimamente en la fe
Así pues, hermanos, contendamos, sabiendo que la contienda está muy
cerca y que, aunque muchos acuden a las competiciones, no todos son
galardonados, sino sólo los que se han esforzado en alto grado y luchado con
valentía. Contendamos de modo que todos recibamos el galardón. Por tanto,
corramos en el curso debido la competición incorruptible. Y acudamos a ella en
tropel y esforcémonos, para que podamos recibir también el premio. Y si no
todos podemos recibir la corona, por lo menos acerquémonos a ella tanto como
podamos. Recordemos que los que compiten en las lides corruptibles, si se
descubre que están pugnando de modo ilegítimo en ellas, primero son azotados, y
luego son eliminados y echados fuera del estadio. ¿Qué pensáis? ¿Qué le pasará
a aquel que ha pugnado de modo corrupto en la competición de la incorrupción?
Porque, con referencia a los que no han guardado el sello, Él dice: “Su gusano
no morirá, y su fuego no se apagará y serán un ejemplo para toda carne". Verso 7
Comentario.
El autor toma como imagen las
competencias atléticas del mundo griego, al igual que lo hacen varios textos
del Nuevo Testamento (1 Corintios 9:24–27; 2 Timoteo 2:5), para exhortar a los
creyentes a vivir su fe con esfuerzo, disciplina y fidelidad. La idea de
“competir legítimamente” no implica que la salvación dependa de las obras, sino
que se debe perseverar conforme a las enseñanzas de Cristo, sin desviarse del
camino de la verdad. La mención del castigo para quienes no guardan "el
sello" parece referirse al bautismo y a la vida de obediencia que debe
acompañarlo. El texto cierra con una referencia a Isaías 66:24, usada también
por Jesús en Marcos 9:48, para advertir del juicio final a quienes viven en
desobediencia. El mensaje es claro: no basta con comenzar bien la carrera; es
necesario perseverar hasta el fin con fidelidad.
7. La urgencia del arrepentimiento en esta vida
En tanto que estamos en la tierra, pues, arrepintámonos, porque somos
arcilla en la mano del artesano. Pues de la misma manera que el alfarero, si
está moldeando una vasija y se le deforma o rompe en las manos, le da forma
nuevamente, pero, una vez la ha puesto en el horno encendido, ya no puede
repararla, del mismo modo nosotros, en tanto que estamos en este mundo,
arrepintámonos de todo corazón de las cosas malas que hemos hecho en la carne,
para que podamos ser salvados por el Señor en tanto que hay oportunidad para el
arrepentimiento. Porque una vez hemos partido de este mundo ya no podemos hacer
confesión allí, ni tampoco arrepentirnos. Por lo tanto, hermanos, si hemos
hecho la voluntad del Padre, y hemos mantenido pura la carne, y hemos guardado
los mandamientos del Señor, recibiremos la vida eterna. Porque el Señor dice en
el Evangelio: “Si no habéis guardado lo que es pequeño, ¿quién os dará lo que
es grande?
Porque os digo que el que es fiel en lo poco, es fiel también en lo
mucho” (Mt. 25:21-23; Lc. 16:10-12). De modo que lo que Él quiere decir es:
“Mantened la carne pura y el sello incontaminado, para que podáis recibir la
vida eterna”. Verso 8
Comentario.
El escritor subraya con claridad la
importancia del arrepentimiento durante esta vida. Utiliza una analogía con el
oficio del alfarero para enseñar que mientras estemos vivos, aún somos
moldeables y tenemos oportunidad de corregir el rumbo mediante el arrepentimiento.
Una vez llegada la muerte ya no hay espacio para el cambio. Este principio
coincide con lo enseñado en las Escrituras, donde se resalta la urgencia del
arrepentimiento en vida (Hebreos 9:27; Lucas 16:19–31).
Sin embargo, el texto también vincula
la vida eterna con el cumplimiento de los mandamientos y la pureza corporal, lo
que podría interpretarse como una tendencia hacia una comprensión de la
salvación basada en obras. No obstante, también puede entenderse como un
llamado a una fe coherente y activa, que se manifiesta en obediencia y
santidad, tal como lo enseñan el propio Jesús y los apóstoles (Mateo 7:21; Juan
14:15; Santiago 2:17).
Es importante reconocer que en la
historia de la Iglesia, la creciente insistencia en las obras sin una adecuada
comprensión de la gracia llevó, siglos después, a desviaciones como las
indulgencias.
8. La
redención del cuerpo: una respuesta temprana al docetismo
Y que nadie entre vosotros diga que esta carne no va a ser juzgada ni se
levanta otra vez. Entended esto: ¿En qué fuisteis salvados? ¿En qué
recobrasteis la vista si no fue en esta carne? Por tanto hemos de guardar la
carne como un templo de Dios; porque de la misma manera que fuisteis llamados
en la carne, seréis llamados también en la carne. Si Cristo el Señor que nos
salvó, siendo primero espíritu, luego se hizo carne, y en ella nos llamó, de la
misma manera también nosotros recibiremos nuestra recompensa en esta carne. Por
tanto, amémonos los unos a los otros, para que podamos entrar en el reino de
Dios. En tanto que tenemos tiempo para ser curados, pongámonos en las manos de
Dios, el médico, dándole una recompensa. ¿Qué recompensa? Arrepentimiento procedente
de un corazón sincero. Porque Él discierne todas las cosas con antelación y
sabe lo que hay en nuestro corazón. Verso 9
Comentario.
En este pasaje, el autor combate una
visión errónea sobre la carne, enfatizando que el ser humano será juzgado y
recompensado en el cuerpo. Esta enseñanza es coherente con el testimonio del
Nuevo Testamento, que afirma la resurrección corporal y la redención integral
del ser humano (Romanos 8:11, Filipenses 3:21, 1 Corintios 15). El comentario
también toca una controversia teológica importante del cristianismo primitivo.
Ya en tiempos del apóstol Juan se enfrentaban ideas que negaban que Jesús
hubiera venido en carne (1 Juan 4:2–3), una doctrina que posteriormente fue
desarrollada por corrientes gnósticas y docetas de las que varios apologistas
hicieron frente, el más conocido de ellos Ireneo de Lyon. Estas enseñaban que
la materia era mala y que, por lo tanto, Cristo no podía haber tenido un cuerpo
real, ni la carne podía ser redimida. Contra tales errores, el autor afirma la
encarnación de Cristo como modelo de nuestra redención y destaca que nuestra
salvación, incluyendo la futura recompensa, se manifestará también en el
cuerpo.
9. El escritor cita un evangelio apócrifo
Por tanto esperemos el reino de Dios en cada momento, en amor y
justicia, puesto que no sabemos cuál es el día de la aparición de Dios. Porque
el mismo Señor, cuando cierta persona le preguntó cuándo vendría su reino,
contestó: “Cuando los dos sean uno, y el de fuera como el de dentro, y el varón
como la hembra, ni varón ni hembra”. Ahora bien, “los dos son uno” cuando
decimos la verdad entre nosotros, y en dos cuerpos habrá sólo un alma, sin
disimulo. Y al decir “lo exterior como lo interior” quiere decir esto: lo
interior quiere decir el alma, y lo exterior significa el cuerpo. Por tanto, de
la misma manera que aparece el cuerpo, que se manifieste el alma en sus buenas
obras. Y al decir “el varón con la hembra, ni varón ni hembra”, significa esto:
que un hermano al ver a una hermana no debería pensar en ella como siendo una
mujer, y que una hermana al ver a un hermano no debería pensar en él como
siendo un hombre. Si hacéis estas cosas, dice Él, vendrá el reino de mi Padre. Verso 12.
Comentario.
El dicho que el escritor atribuye al
Señor “Cuando los dos sean uno, y el de
fuera como el de dentro, y el varón como la hembra, ni varón ni hembra” no
aparece en los Evangelios canónicos, sino en el Evangelio de los Egipcios, un
texto apócrifo que no fue escrito por apóstoles ni reconocido como inspirado.
No sabemos con certeza por qué el autor lo usa como palabra del Señor, pero
posiblemente refleje tradiciones orales o influencias del pensamiento de su
tiempo. El verso toca algunos puntos interesantes. Uno de ellos es que no se
aventura a dar una fecha para la venida del Reino de Dios, algo que concuerda
con el espíritu de pasajes como Mateo 24:36. También habla de la pureza en las
relaciones dentro de la comunidad, expresando que un hermano no debe mirar a
una hermana como mujer (en el sentido de deseo carnal), y viceversa. Esto
podría interpretarse como una exhortación a la castidad, especialmente cuando
alguno de los dos ya está casado o consagrado.
En cuanto a la expresión “ni varón ni hembra”, si bien recuerda a
Gálatas 3:28, hay que tener cuidado con interpretaciones extremas. La Biblia no
niega la distinción entre hombre y mujer en lo natural, ni desprecia el
matrimonio, sino que enseña que todos somos uno en Cristo. Por eso, aunque la
intención del texto parece ser exhortar a una relación fraternal libre de
deseos impuros, no debe interpretarse como una anulación de las diferencias
sexuales creadas por Dios.
10. La fe debe
vivirse, no solo proclamarse
Por tanto, hermanos, arrepintámonos inmediatamente. Seamos sobrios para
lo que es bueno; porque estamos llenos de locura y maldad. Borremos nuestros
pecados anteriores, y arrepintámonos con toda el alma y seamos salvos. Y que no
seamos hallados complaciendo a los hombres. Ni deseemos agradarnos los unos a
los otros solamente, sino también a los que están fuera, con nuestra justicia,
para que el Nombre no sea blasfemado por causa de nosotros. Porque el Señor ha
dicho: “Mi nombre es blasfemado en todas formas entre todos los gentiles” (Is.
52:5); y también: “¡Ay de aquel por razón del cual mi Nombre es blasfemado!”
¿En qué es blasfemado? En que vosotros no hacéis las cosas que deseo. Porque
los gentiles, cuando oyen de nuestra boca las palabras de Dios, se maravillan
de su hermosura y grandeza; pero cuando descubren que nuestras obras no se
corresponden a las palabras que decimos, inmediatamente empiezan a blasfemar,
diciendo que es un cuento falaz y un engaño. Porque cuando oyen que les decimos
que Dios dice: “¿Qué clase de merecimiento es el vuestro, si amáis a los que os
aman?; el mérito está en que améis a vuestros enemigos y a los que os
aborrecen” (Lc. 5:32, 35); cuando oyen estas cosas, digo, se maravillan de su
soberana bondad; pero cuando ven que no solamente no amamos a los que nos
aborrecen, sino que ni aun amamos a los que nos aman, se burlan de nosotros y
nos desprecian, y el Nombre es blasfemado. Verso 13
Comentario.
En este pasaje, el escritor señala con
claridad una verdad fundamental del testimonio cristiano: la necesidad de vivir
de manera coherente con lo que creemos y proclamamos. Exhorta al
arrepentimiento inmediato, a una vida sobria y justa, y a cuidar nuestro
comportamiento no solo ante los hermanos en la fe, sino también ante quienes
están fuera, para que el Nombre de Dios no sea blasfemado por causa de nuestras
malas acciones.
La advertencia recuerda la reprensión
profética del Antiguo Testamento y también el principio paulino de Romanos
2:24: “El nombre de Dios es blasfemado
entre los gentiles por causa de vosotros”. El autor denuncia con fuerza la
hipocresía: cuando los no creyentes escuchan la belleza de las enseñanzas de
Cristo, pero ven una conducta contraria en quienes se dicen sus discípulos,
concluyen que todo es mentira y motivo de burla.
Este mensaje sigue siendo muy actual, el
peor testimonio para el mundo no es el del pecador arrepentido, sino el del
creyente incoherente. La exhortación es a que nuestras obras confirmen lo que
predicamos, especialmente en el amor hacia los demás, incluyendo a nuestros
enemigos, como enseñó Jesús. En resumen, el escritor nos recuerda que la
autenticidad del Evangelio se valida, en buena medida, por la integridad de
nuestra conducta.
11. La iglesia espiritual
Por tanto, hermanos, si hacemos la voluntad de Dios nuestro Padre,
seremos de la primera Iglesia, que es espiritual, que fue creada antes que el
sol y la luna; pero si no hacemos la voluntad del Señor, seremos como la
escritura que dice: “Mi casa ha sido hecha cueva de ladrones”. Por tanto,
prefiramos ser de la Iglesia de la vida, para que seamos salvados. No creo que
ignoréis que la Iglesia viva es “el cuerpo de Cristo”; porque la Escritura
dice: “Dios hizo al hombre, varón y hembra”. El varón es Cristo y la hembra es
la Iglesia. Y los libros y los apóstoles declaran de modo inequívoco que la
Iglesia no sólo existe ahora por primera vez, sino que ha sido desde el
principio; porque era espiritual, como nuestro Jesús era también espiritual,
pero fue manifestada en los últimos días para que Él pueda salvarnos. Ahora
bien, siendo la Iglesia espiritual, fue manifestada en la carne de Cristo, con
lo cual nos mostró que, si alguno de nosotros la guarda en la carne y no la
contamina, la recibirá de nuevo en el Espíritu Santo; porque esta carne es la
contrapartida y copia del espíritu. Ningún hombre que haya contaminado la
copia, pues, recibirá el original como porción suya. Esto es, pues, lo que Él
quiere decir, hermanos: “Guardad la carne para que podáis participar del
espíritu”. Pero si decimos que la carne es la Iglesia y el espíritu es Cristo,
entonces el que haya obrado de modo deshonroso con la carne ha obrado de modo
deshonroso con la Iglesia. Éste, pues, no participará del espíritu, que es
Cristo. Tan excelente es la vida y la inmortalidad que esta carne puede recibir
como su porción si el Espíritu Santo va unido a ella. Nadie puede declarar o
decir las cosas que el Señor tiene preparadas para sus elegido. Verso 14
Comentario.
El autor presenta aquí una enseñanza
profunda sobre la naturaleza de la Iglesia, distinguiendo entre su dimensión
espiritual y eterna, y su manifestación visible en el tiempo a través de
Cristo. Afirma que la Iglesia existía desde antes de la creación del mundo, lo
cual no se dice de forma literal en las Escrituras, pero sí es coherente con el
pensamiento de algunos Padres de la Iglesia, quienes veían el plan redentor de
Dios —en Cristo y su Iglesia— como algo eterno, concebido “antes de la
fundación del mundo” (Efesios 1:4; 2 Timoteo 1:9).
12. Dar limosna quita la carga del pecado
Porque sabéis que el día del juicio está acercándose, como “un horno
encendido, y los poderes de los cielos se disolverán” (Mal. 4:1; Is. 34:4), y
toda la tierra se derretirá como plomo en el fuego, y entonces se descubrirá el
secreto y las obras ocultas de los hombres. El dar limosna es, pues, una cosa
buena, como el arrepentirse del pecado. “El ayuno es bueno con la oración, pero
el dar limosna mejor que estos dos” (Tobías 12:8). Y “el amor cubrirá multitud
de pecados” (Pr. 10:12; 1ª P. 4:8; Stg. 5:20), pero la oración hecha en buena
conciencia libra de la muerte. Bienaventurado el hombre que tenga abundancia de
ellas. Porque el dar limosna quita la carga del pecado. Verso 16
Comentario.
En este pasaje, el autor introduce un
tema escatológico poco frecuente en la carta: el juicio final. En ese contexto,
resalta el valor de la limosna como medio para quitar la carga del pecado,
considerándola incluso superior a la oración y al ayuno. Esta afirmación, sin
embargo, no se fundamenta en los Evangelios ni en las cartas apostólicas, sino
que proviene directamente del libro de Tobías (12:8), un texto apócrifo.
Aunque las Escrituras canónicas sí
enseñan el valor del amor, la generosidad y la misericordia (1 Pedro 4:8;
Santiago 5:20), nunca se presenta la limosna como medio superior o sustituto
del arrepentimiento genuino, la fe en Cristo o la obra redentora de la cruz. De
hecho, en el Nuevo Testamento, la salvación se vincula a la gracia mediante la
fe (Efesios 2:8–9), y las obras —incluidas la limosna o la ayuda al prójimo—
son el fruto de esa fe, no su sustituto.
Es probable que este énfasis en la
limosna como medio para remitir pecados haya influido siglos más tarde en el
desarrollo de prácticas como las indulgencias, las cuales también vinculaban
actos materiales con beneficios espirituales.
13. La venida del Señor y la importancia de congregarse.
Arrepintámonos, pues, de todo corazón, para que ninguno de nosotros
perezca por el camino. Porque si hemos recibido mandamiento de que debemos
también ocuparnos de esto, apartar a los hombre de sus ídolos e instruirlos,
¡cuánto peor es que un alma que conoce ya a Dios perezca! Por tanto, ayudémonos
los unos a los otros, de modo que podamos guiar al débil hacia arriba, como
abrazando lo que es bueno, a fin de que todos podamos ser salvados; y
convirtámonos y amonestémonos unos a otros. Y no intentemos prestar atención y
creer sólo ahora, cuando nos están amonestando los presbíteros; sino que
también, cuando hayamos partido para casa, recordemos los mandamientos del
Señor y no permitamos ser arrastrados por otro camino por nuestros deseos
mundanos; asimismo, vengamos aquí con más frecuencia, y esforcémonos en
progresar en los mandamientos del Señor, para que, unánimes, podamos ser
reunidos para vida. Porque el Señor ha dicho: “Vengo para congregar a todas las
naciones, tribus y lenguas” (Is. 66:18). Al decir esto habla del día de su
aparición, cuando vendrá a redimirnos, a cada uno según sus obras. Y los no
creyentes verán su gloria y su poder, y se quedarán asombrados al ver el reino
del mundo entregado a Jesús, y dirán: “Ay de nosotros, porque Tú eras, y
nosotros no te conocimos y no creímos en Ti; y no obedecimos a los presbíteros
cuando nos hablaban de nuestra salvación”. Y su gusano no morirá, y su fuego no
se apagará, y serán hechos un ejemplo para toda carne. Está hablando del día
del juicio, cuando los hombres verán a aquellos que, entre vosotros, han vivido
vidas impías y han puesto por obra falsamente los mandamientos de Jesucristo.
Pero los justos, habiendo obrado bien y sufrido tormentos y aborrecido los
placeres del alma, cuando contemplen a los que han obrado mal y negado a Jesús
con sus palabras y con sus hechos, cuando sean castigados con penosos tormentos
en un fuego inextinguible, darán gloria a Dios, diciendo: “Habrá esperanza para
aquel que ha servido a Dios de todo corazón”. Verso 17
Comentario.
Una vez más, el autor subraya la
necesidad urgente del arrepentimiento verdadero como vía para evitar la
condenación. Advierte que incluso aquellos que forman parte de la comunidad de
fe pueden perderse si no viven de manera coherente con el mensaje que han
recibido. Señala que no basta con escuchar las exhortaciones en el culto, sino
que la obediencia debe continuar fuera de él, en la vida diaria.
El texto también resalta el valor de la
vida comunitaria: ayudarnos mutuamente, animarnos en el bien, exhortarnos en el
error y, especialmente, congregarnos con regularidad. En todo tiempo la presión
cultural o espiritual pueden debilitar la fe, reunirse con los demás creyentes
se presenta como una manera clave de fortalecerse en el camino del Señor.
Además, el pasaje incluye una
referencia escatológica sobre la segunda venida de Cristo y el juicio final. El
autor ofrece una escena vívida del momento en que los no creyentes se
lamentarán por haber rechazado a Jesús, y en contraste, los justos darán gloria
a Dios al contemplar su justicia. La mención de los “presbíteros” refleja la
terminología común en la iglesia primitiva para referirse a los líderes
espirituales, junto con el término “obispos”. En esa etapa temprana, aún no era
habitual el uso de la palabra “pastor” como título específico, aunque la
función pastoral ya era ejercida. Los términos “presbítero” (anciano) y
“obispo” (supervisor) eran a menudo intercambiables en los primeros escritos
cristianos.
14. Perseverar siempre.
Por tanto seamos hallados entre los que dan gracias, entre los que han
servido a Dios, y no entre los impíos que son juzgados. Porque yo también,
siendo un pecador extremo y aún no libre de la tentación, sino en medio de las
artimañas del diablo, procuro con diligencia seguir la justicia, para poder
prevalecer consiguiendo llegar por lo menos cerca de ella, en tanto que temo el
juicio venidero. Verso 18
Comentario.
Este verso resalta la necesidad de
perseverar en una vida piadosa, reconociendo que incluso quienes están
comprometidos con la fe siguen enfrentando tentaciones. El escritor habla desde
una postura humilde, consciente de su pecado y del constante acecho del
enemigo, pero con el deseo sincero de vivir en justicia. Sin embargo, llama la
atención que parece no tener plena seguridad de salvación, ya que menciona su
temor al juicio venidero. Según las Escrituras, quienes están en Cristo han
sido justificados (Romanos 5:1) y pueden tener seguridad de salvación (1 Juan
5:13), no porque sean perfectos, sino porque han sido revestidos con la justicia
de Jesús (2 Corintios 5:21). No obstante, también es cierto que el Nuevo
Testamento enseña a vivir con temor reverente ante Dios (Filipenses 2:12; 1
Pedro 1:17), y que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo (2 Corintios
5:10). Pero dicho tribunal no es para condenación, sino para dar cuentas y
recibir recompensas según las obras, ya que “ninguna
condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1).
15. Esperanza en medio de la aflicción.
Bienaventurados los que obedecen estas ordenanzas. Aunque tengan que
sufrir aflicción durante un tiempo breve en el mundo, recogerán el fruto
inmortal de la resurrección. Por tanto, que no se aflija el que es piadoso si
es desgraciado en los días presentes, pues le esperan tiempos de
bienaventuranza. Volverá a vivir en el cielo con los padres y se regocijará
durante toda una eternidad sin penas. Verso 19
Comentario.
Qué alentadoras son estas palabras,
especialmente viniendo de alguien que, con toda probabilidad, conoció de
primera mano la persecución por causa de su fe. En ellas se refleja una
esperanza firme en la resurrección y en la recompensa eterna, una perspectiva
que sostiene a los creyentes en medio del sufrimiento temporal. El contraste
entre las tribulaciones presentes y la gloria venidera es una idea
profundamente bíblica (Romanos 8:18; 2 Corintios 4:17). El autor invita a no
desanimarse por las circunstancias actuales, sino a mantener la mirada puesta
en la vida eterna prometida a los fieles. Este texto también nos confronta:
muchos cristianos hoy, especialmente en contextos donde hay libertad religiosa,
no enfrentamos persecución ni aflicción por nuestra fe, y aun así podemos
mostrar tibieza espiritual. Nos lleva a reflexionar: si aquellos que sufrían
por causa de Cristo perseveraban con gozo y esperanza, ¿cuánto más nosotros,
que tenemos libertad para servir a Jesús y hablar de Él sin temor, deberíamos
vivir con compromiso y gratitud?
16. No envidiar las riquezas del que procede con maldad.
Y no permitas tampoco que esto turbe tu mente, que vemos que los impíos
poseen riquezas, y los siervos de Dios sufren estrecheces. Tengamos fe,
hermanos y hermanas. Estamos militando en las filas de un Dios vivo; y
recibimos entrenamiento en la vida presente para que podamos ser coronados en
la futura. Ningún justo ha recogido el fruto rápidamente, sino que ha esperado
que le llegue. Porque si Dios hubiera dado la recompensa de los justos
inmediatamente, entonces nuestro entrenamiento habría sido un pago contante y
sonante, no un entrenamiento en la piedad; porque no habríamos sido justos
yendo en pos de lo que es piadoso, sino de las ganancias. Y por esta causa el
juicio divino alcanza al espíritu que no es justo, y lo llena de cadenas. Verso 20
Comentario.
Uno de los temas que con frecuencia
encontramos en las Escrituras es la exhortación a no envidiar las riquezas de
quienes viven en maldad. Salmos 37 y 73, por ejemplo, hacen eco de esta misma
enseñanza: las riquezas de los impíos son pasajeras, mientras que la herencia
de los justos es eterna. El escritor de esta carta nos recuerda que la vida
presente es un entrenamiento espiritual, no una búsqueda de recompensas
inmediatas. La recompensa que Dios promete no es terrenal ni momentánea, sino
eterna y gloriosa, lo cual requiere fe, paciencia y perseverancia. También se
percibe el contexto en el que fueron escritas estas palabras: una comunidad
cristiana probablemente empobrecida y perseguida, que necesitaba aliento para
no desanimarse al ver prosperar a quienes vivían en desobediencia. Sin embargo,
siglos después podemos ver que aquellos creyentes, a pesar de su escasez y
sufrimiento, permanecieron firmes y fueron parte fundamental en la expansión
del Evangelio hasta nosotros.
Observación
final
Este documento tiene como propósito
resaltar ciertos aspectos doctrinales y prácticos que la Iglesia primitiva
transmitió a través de escritos como la Segunda Carta de Clemente. Algunas de
estas enseñanzas se alinean con el mensaje bíblico y confirman la continuidad
de la fe apostólica; otras, en cambio, reflejan interpretaciones, prácticas o
influencias propias de su tiempo, sin un fundamento en las Escrituras.
Es fundamental valorar estos textos en
su contexto histórico y teológico, reconociendo su utilidad para comprender el
desarrollo del pensamiento cristiano, sin atribuirles inspiración divina ni la
misma autoridad que poseen las Escrituras inspiradas.
Recopilación y comentarios realizados
por
Hernando Alvarez.
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