CITAS SOBRE LA ELECCIÓN Y LA SALVACIÓN EN LA PRIMERA CARTA DE CLEMENTE A LOS CORINTIOS
Clemente, a quien se atribuye la autoría de esta carta, debió ser una personalidad relevante en la comunidad de Roma, uno de sus obispos o presbíteros. Pero no sabemos nada cierto de él, aparte de la posible redacción de esta carta, cuyo remitente no es una persona individual, sino la comunidad romana en su conjunto, dirigiéndose a la comunidad hermana de Corinto. Fue escrito alrededor del año 96 d.C. Orígenes, Eusebio y Jerónimo relacionan a Clemente con el autor de la carta a los Hebreos, en cuanto compañero de Pablo y redactor de la misma, en conformidad con la mente del apóstol de los gentiles. (Alfonso Ropero).
En esta
recopilación se presentan exclusivamente pasajes de la primera carta de
Clemente a los corintios relacionados con la elección y la salvación. No se
incluyen comentarios ni interpretaciones teológicas, con el propósito de que el
lector pueda observar el texto en su forma más directa y reflexionar libremente
sobre el sentido de estas expresiones, a la luz de las Escrituras.
Dado que los temas abordados han generado diversas interpretaciones a lo largo de la historia de la Iglesia, este documento no pretende resolver la controversia doctrinal, sino ofrecer una contribución de carácter histórico. Su objetivo es mostrar cómo comprendían estos asuntos los cristianos que vivieron en la generación posterior a los apóstoles, y cómo interpretaban algunos pasajes relacionados con la salvación en ese contexto temprano.
1. Y
procurabais día y noche, en toda la comunidad, que el número de sus elegidos
pudiera ser salvo, con propósito decidido y sin temor alguno.
Verso 2
2. Pongamos
nuestros ojos en la sangre de Cristo y démonos cuenta de lo preciosa que es
para su Padre, porque habiendo sido derramada por nuestra salvación, ganó para
todo el mundo la gracia del arrepentimiento. Observemos todas las generaciones
en orden, y veamos que de generación en generación el Señor ha dado oportunidad
para el arrepentimiento a aquellos que han deseado volverse a Él. Noé predicó
el arrepentimiento, y los que le obedecieron se salvaron. Jonás predicó la
destrucción para los hombres de Nínive; pero ellos, al arrepentirse de sus
pecados, obtuvieron el perdón de Dios mediante sus súplicas y recibieron
salvación, por más que eran extraños respecto a Dios.
Verso 7
3. Los ministros de la gracia de Dios, por medio del Espíritu Santo,
hablaron referente al arrepentimiento. Sí, y el Señor del universo mismo habló
del arrepentimiento con un juramento: “Vivo yo, dice el Señor, que no me
complazco en la muerte del malvado, sino en que se arrepienta”... Siendo así,
pues, que Él desea que todos sus amados participen del arrepentimiento, lo
confirmó con un acto de su voluntad poderosa.
Verso 8
4. Todas
estas cosas el gran Creador y Señor del universo ordenó que se mantuvieran en
paz y concordia, haciendo bien a todos, pero mucho más que al resto, a
nosotros, los que nos hemos refugiado en las misericordias clementes de nuestro
Señor Jesucristo, al cual sea la gloria y la majestad para siempre jamás. Amén.
Verso 20
5. el
temor de Dios es bueno y grande y salva a todos los que andan en él en pureza
de corazón y santidad. Porque Él escudriña las intenciones y los deseos; su
aliento está en nosotros, y cuando Él se incline a hacerlo, lo va a quitar.
Ahora bien, todas estas cosas son confirmadas por la fe que hay en Cristo;
porque Él mismo, por medio del Espíritu Santo, nos invita así: “Venid a mí,
hijos, escuchadme y os enseñaré el temor del Señor. ¿Quién es el hombre que
desea vida, que busca muchos días para ver el bien? Guarda tu lengua del mal y
tus labios de hablar engaño. Apártate del mal y haz el bien; busca la paz, y corre
tras ella. Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus
oraciones. Pero el rostro del Señor está sobre los que hacen mal, para destruir
su recuerdo de la Tierra. Claman los justos, y el Señor oye, y los libra de
todas sus angustias. Muchos son los males del justo, y de todos ellos le
librará el Señor. Y también: Muchos dolores habrá para el pecador, mas al que
espera en el Señor le rodeará la misericordia”
versos 21-22
6. El
Padre, que es compasivo en todas las cosas, y dispuesto a hacer bien, tiene
compasión de los que le temen, y con bondad y amor concede sus favores a
aquellos que se acercan a Él con sencillez de corazón. Por tanto, no seamos
indecisos ni consintamos que nuestra alma se permita actitudes vanas y ociosas
respecto a sus dones excelentes y gloriosos.
Verso 23
7. Por lo tanto, acerquémonos a Él en santidad de alma, levantando nuestras manos puras e inmaculadas a Él, con amor hacia nuestro Padre bondadoso y compasivo, el cual ha hecho de nosotros su porción elegida. Puesto que está escrito: “Cuando el Altísimo dividió a las naciones, cuando dispersó a los hijos de Adán, estableció los límites de las naciones según el número de los ángeles de Dios. Su pueblo Jacob pasó a ser la porción del Señor, e Israel la medida de su herencia”. Y en otro lugar dice: “He aquí, el Señor toma para sí una nación de entre las naciones como un hombre toma las primicias de su era; y el lugar santísimo saldrá de esta nación” Viendo, pues, que somos una porción especial de un Dios santo, hagamos todas las cosas como corresponde a la santidad. Verso 29
8. Y
así nosotros, habiendo sido llamados por su voluntad en Cristo Jesús, no nos justificamos
a nosotros mismos, o por medio de nuestra propia sabiduría o entendimiento o
piedad u obras que hayamos hecho en santidad de corazón, sino por medio de la
fe, por la cual el Dios Todopoderoso justifica a todos los hombres que han sido
desde el principio; al cual sea la gloria para siempre jamás. Amén.
Verso 32
9. Él
nos exhorta, pues, a creer en Él de todo corazón, y a no ser negligentes ni
descuidados en “toda buena obra”.
Verso 34
10. ¡Qué
benditos y maravillosos son los dones de Dios, amados! ¡Vida en inmortalidad,
esplendor en justicia, verdad en osadía, fe en confianza, templanza en
santificación! Y todas estas cosas nosotros las podemos obtener. ¿Qué cosas,
pues, pensáis que hay preparadas para los que esperan pacientemente en Él? El
Creador y Padre de las edades, el Santo mismo, conoce su número y su hermosura.
Esforcémonos, pues, para que podamos ser hallados en el número de los que
esperan pacientemente en Él, para que podamos ser partícipes de los dones
prometidos. Pero, ¿cómo será esto, amados? Si nuestra mente está fija en Dios
por medio de la fe; si buscamos las cosas que le son agradables y aceptables;
si realizamos aquí las cosas que parecen bien a su voluntad infalible y
seguimos el camino de la verdad, desprendiéndonos de toda injusticia,
iniquidad, avaricia, contiendas, malignidades y engaños, maledicencias y murmuraciones,
aborrecimiento a Dios, orgullo y arrogancia, vanagloria e inhospitalidad.
Porque todos los que hacen estas cosas son aborrecidos por Dios; y no sólo los
que las hacen, sino incluso los que las consienten.
Verso 35
11. Esta
es la manera, amados, en que encontramos nuestra salvación, a saber, Jesucristo
el sumo sacerdote de nuestras ofrendas, el guardián y ayudador en nuestras
debilidades. Fijemos nuestra mirada, por medio de Él, en las alturas de los
cielos; por medio de Él contemplamos como en un espejo su rostro intachable y
excelente; por medio de Él fueron abiertos los ojos de nuestro corazón; por
medio de Él nuestra mente insensata y entenebrecida salta a la luz; por medio
de Él el Señor ha querido que probemos el conocimiento inmortal.
Verso 36
12. Alistémonos,
pues, hermanos, con toda sinceridad en sus ordenanzas intachables. Consideremos
los soldados que se han alistado bajo nuestros gobernantes, de qué modo tan
exacto, pronto y sumisos ejecutan las órdenes que se les dan. No todos son
perfectos, ni jefes de millares, ni aun de centenares, ni de grupos de
cincuenta, etc.; sino que “cada uno en su propio orden” ejecuta las órdenes que
recibe del rey y de los gobernantes. Los grandes no pueden existir sin los
pequeños, ni los pequeños sin los grandes. Hay una cierta mezcla en todas las
cosas, y por ello es útil. Pongamos como ejemplo nuestro propio cuerpo. La
cabeza sin los pies no es nada; del mismo modo los pies sin la cabeza no son
nada; incluso los miembros más pequeños de nuestro cuerpo son necesarios y
útiles para el cuerpo entero; pero todos los miembros cooperan y se unen en
sumisión, para que todo el cuerpo pueda ser salvo.
Verso 37
13. Contended, hermanos, y sed celosos sobre las cosas que afectan a la salvación. Verso 45
14. Recordad
las palabras de Jesús nuestro Señor; porque Él dijo: “¡Ay de este hombre; mejor
sería para él que no hubiera nacido, que el que escandalice a uno de mis
elegidos! Sería mejor que le ataran del cuello una piedra de molino y le
echaran en el mar que no que trastornara a uno de mis elegidos”.
Verso 46
15. En
amor fueron hechos perfectos todos los elegidos de Dios; sin amor no hay nada
agradable a Dios; en amor el Señor nos tomó para sí; por el amor que sintió
hacia nosotros, Jesucristo nuestro Señor dio su sangre por nosotros por la
voluntad de Dios, y su carne por nuestra carne, y su vida por nuestras vidas.
Veis, pues, amados, qué maravilloso y grande es el amor, y que no hay manera de
declarar su perfección. ¿Quién puede ser hallado en él, excepto aquellos a quienes
Dios se lo ha concedido? Por tanto, supliquemos y pidamos de su misericordia
que podamos ser hallados intachables en amor, manteniéndonos aparte de las
facciones de los hombres. Todas las generaciones desde Adán hasta este día han
pasado a la otra vida; pero los que por la gracia de Dios fueron perfeccionados
en el amor residen en la mansión de los píos; y serán manifestados en la
visitación del Reino de Dios... Bienaventurados somos, amados, si hacemos los
mandamientos de Dios en conformidad con el amor, a fin de que nuestros pecados
sean perdonados por el amor Porque está escrito: “Bienaventurados aquellos
cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado
el hombre a quien el Señor no imputará pecado, ni hay engaño en su boca”. Esta
declaración de bienaventuranza fue pronunciada sobre los que han sido elegidos
por Dios mediante Jesucristo nuestro Señor, a quien sea la gloria por los
siglos de los siglos. Amén.
Versos 49-50
16. Sed
obedientes a su Nombre santísimo y glorioso, con lo que escaparéis de las
amenazas que fueron pronunciadas antiguamente por boca de la Sabiduría contra
los que desobedecen, a fin de que podáis vivir tranquilos, confiando en el
santísimo Nombre de su majestad. Atended nuestro consejo, y no tendréis ocasión
de arrepentiros de haberlo hecho. Porque tal como Dios vive, y vive el Señor
Jesucristo, y el Espíritu Santo, que son la fe y la esperanza de los elegidos, con
toda seguridad el que, con humildad de ánimo y mansedumbre haya ejecutado, sin
arrepentirse de ello, las ordenanzas y mandamientos que Dios ha dado, será
puesto en la lista y tendrá su nombre en el número de los que son salvos por
medio de Jesucristo, a través del cual es la gloria para Él para siempre jamás.
Amén.
Verso 58
17. Pero
si algunas personas son desobedientes a las palabras dichas por Él por medio de
nosotros, que entiendan bien que se están implicando en una transgresión y
peligro serios; mas nosotros no seremos culpables de este pecado. Y pediremos
con insistencia en oración y súplica que el Creador del universo pueda guardar
intacto hasta el fin el número de los que han sido contados entre sus elegidos
en todo el mundo, mediante su querido Hijo Jesucristo, por medio del cual nos
ha llamado de las tinieblas a la luz, de la ignorancia al pleno conocimiento de
la gloria de su Nombre.
Verso 59
18. Concédenos,
Señor, que podamos poner nuestra esperanza en tu Nombre, que es la causa
primera de toda la creación, y abramos los ojos de nuestros corazones para que
podamos conocerte a Ti, que eres solo el más Alto entre los altos, el Santo
entre los santos... que multiplicas las naciones sobre la tierra, y has
escogido de entre todos los hombres a los que te aman por medio de Jesucristo,
tu querido Hijo, por medio del cual nos enseñaste, nos santificaste y nos
honraste... restaura a los apartados; convierte a los descarriados de tu pueblo.
Verso 60
19. Da concordia y paz a nosotros y a todos los que habitan en la tierra, como diste a nuestros padres cuando ellos invocaron tu nombre en fe y verdad con santidad, [para que podamos ser salvos] cuando rendimos obediencia a tu Nombre todopoderoso y sublime y a nuestros gobernantes y superiores sobre la tierra. Verso 61
20. Porque
en lo que se refiere a la fe y al arrepentimiento y al amor y templanza
genuinos y sobriedad y paciencia, hemos hecho uso de todo argumento,
recordándoos que tenéis que agradar al Dios todopoderoso en justicia y verdad y
longanimidad y santidad, poniendo a un lado toda malicia y prosiguiendo la
concordia en amor y paz, insistiendo en la bondad; tal como nuestros padres, de
los cuales os hemos hablado antes, le agradaron, siendo de ánimo humilde hacia
su Padre y Dios y Creador y hacia todos los hombres.
Verso 63
21. Finalmente,
que el Dios omnisciente, Señor de los espíritus y de toda carne, que escogió al
Señor Jesucristo, y a nosotros, por medio de Él, como un pueblo peculiar, conceda
a cada alma que se llama según su santo y excelente Nombre, fe, temor, paz,
paciencia, longanimidad, templanza, castidad y sobriedad, para que podáis
agradarle en su Nombre, por medio de nuestro Sumo Sacerdote y guardián
Jesucristo, a través del cual sea a Él la gloria y majestad, la potencia y el
honor, ahora y para siempre jamás. Amén. La gracia de nuestro Señor Jesucristo
sea con vosotros y con todos los hombres, en todos los lugares, que han sido
llamados por Dios y por medio de Él, a quien la gloria y honor, poder y
grandeza y dominio eterno, a Él, desde todas las edades pasadas y para siempre
jamás. Amén.
Versos 65-66
Recopilación realizada por:
Hernando Alvarez
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